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Al Mal Tiempo, Buena Cara
Por Javier Sierra
Habrá observado que últimamente el tiempo se está comportando de una manera muy peculiar.
En enero, las palmeras de la cálida ciudad de Tucson, Arizona, quedaron cubiertas de un manto blanco que nada tenía que ver con el polvo del desierto, sino con una nevada histórica por lo inusual. En la playa de Malibú, en Los Angeles, los niños no jugaban con la arena sino con la nieve que cubrió este símbolo nacional del clima cálido.
Mientras tanto, el noreste del país ha tenido uno de los principios de invierno más cálidos que se recuerdan, incluyendo Nueva York, donde no nevó en todo el mes de diciembre por primera vez desde 1877.
De hecho, según el gobierno federal, el mes de enero, en todo el mundo, ha sido el más cálido desde que se registran estos datos.
Ningún fenómeno meteorológico, sin embargo, puede adjudicarse a una sola causa, como el calentamiento global. Pero los expertos más renombrados de todo el mundo llevan décadas advirtiéndonos que el progresivo calentamiento de la atmósfera debido a la actividad humana causaría profundos cambios en el clima del planeta.
Pero mi intención no es asustar al lector sino darle razones para ser optimista, las cuales también son abundantes. Es decir, al mal tiempo, buena cara.
Pese a que el gobierno federal carece de una política energética que acabe con nuestra dependencia petrolera, los estados y ciudades del país están adoptando sus propias iniciativas para reducir la emisión de los gases que causan el calentamiento global.
Muchos temen, no obstante, que acabar con nuestra dependencia petrolera y optar por fuentes de energía limpias y renovables —como la solar, de viento o la geotérmica— acabarán con millones de puestos de trabajo.
Sin embargo, pese a que nuestra dependencia petrolera ha aumentado en un 12% desde 2001, en ese período hemos perdido 2.7 millones de empleos. Y más del 75% de ellos eran trabajos bien pagados y de alta productividad, pertenecientes al sector manufacturero, uno de los que emplea más latinos.
Nuestra independencia energética tendría un efecto completamente contrario. Estas iniciativas tienen el potencial de revitalizar la economía y generar millones de nuevos empleos, cuyos nombres, en muchos casos, todavía ni existen. Y de remate, nos harían a todos más seguros ya que podrían eliminar todas nuestras importaciones de petróleo del volátil Golfo Pérsico.
“Podemos construir una economía fuerte y crear empleos al mismo tiempo que respetamos el medio ambiente y exploramos soluciones energéticas inteligentes”, dice Carl Pope, director ejecutivo del Sierra Club.
El Sierra Club es miembro de la Blue Green Alliance (Alianza Azul y Verde), un grupo de más de tres millones de trabajadores y medioambientalistas que se centra en el calentamiento global, la energía limpia, comercio justo y la reducción de compuestos tóxicos.
Las organizaciones sindicales y medioambientales creen que los buenos empleos provendrán de inversiones en eficacia energética y tecnologías que protejan nuestro medio ambiente. Como dice Leo W. Girard, Presidente Internacional del sindicato United Steelworkers, “los buenos empleos y un medio ambiente limpio son importantes para los trabajadores del país. No podemos tener uno sin el otro”.
Abundan los ejemplos de lo que lograría esta combinación. En Los Angeles, una organización comunitaria llamada SCOPE planea invertir $100 millones en renovar y hacer más eficaces 100 de los edificios en peor estado de la ciudad, especialmente los que se encuentran en los barrios más humildes. El proyecto creará 2,000 empleos, especialmente para trabajadores latinos y afroamericanos, según Elsa Barboza, representante de SCOPE.
Una empresa española de construcción de molinos generadores de energía de viento planea invertir $34 millones y crear 530 empleos bien pagados en Fairless Hills, Pennsylvania, una ciudad devastada económicamente por el cierre de sus altos hornos.
Según un reciente estudio de la Sociedad de Energía Solar Norteamericana, para el 2050 en Estados Unidos podremos reducir en un 80% las emisiones de gases que causan el calentamiento global con sólo intensificar nuestras medidas de eficacia energética, y sustituir las fuentes sucias de energía con otras limpias y renovables, como la solar y la de viento.
Esta reducción de contaminantes es la que necesitamos para contrarrestar los catastróficos efectos del calentamiento global y para dejar a nuestros hijos y nietos un planeta habitable.
Y la mejor razón para repetir, al mal tiempo, buena cara.
Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.
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