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7-7-07 y Nuestra Buena Ventura
Por Javier Sierra
Dicen que ser supersticioso trae mala suerte, pero el sábado, 7 del 7 de 07, fue un día que nos trajo a todos buena ventura. Fue el día en el que cientos de millones de personas de todos los continentes unieron sus corazones para confrontar el mayor reto de la humanidad en la historia moderna, el calentamiento global.
Y el cemento que unió todos estos corazones se llamó Live Earth, una serie de conciertos, desde Río de Janeiro a Sydney, con 150 artistas como Shakira, Cameron Díaz o Penélope Cruz, y actividades relacionadas en 130 países para concienciar al mundo de la urgente necesidad de atacar esta gran crisis global.
Todavía se está midiendo el verdadero impacto de este festival planetario, pero lo que sí está claro es que la masiva participación vía televisión, radio e Internet ya lo ha convertido en el mayor evento cultural global de la historia.
Y uno piensa que para la comunidad latina, eventos así tienen especial relevancia porque para la enorme mayoría de nosotros cuidar nuestra Tierra no es sólo un valor familiar, sino también un valor religioso.
Como dijo la autora Cintra Wilson en Salon.com, “Amando nuestro planeta, podemos amarnos a nosotros mismos, amarnos unos a otros — y literalmente salvar al mundo”.
El terremoto musical también nos dejó claro que a grandes males, grandes remedios. No olvidemos que lo que nos jugamos en este envite es ni más ni menos que la herencia natural que dejaremos a nuestros hijos y nuestros nietos.
Hay que ponerse manos a la obra, y por fortuna, el 7-7-07 no es la única buena noticia que tengo para usted porque el torrente de cambios y acontecimientos positivos para nuestro legado natural parece incontenible.
Empecemos en los lugares más insospechados. El gigante petrolero ConocoPhillips, uno de los símbolos de la oposición histórica al combate contra el calentamiento global, ha reconocido que se deben imponer límites a la contaminación que genera este fenómeno.
La Kansas City Power & Light ha llegado a un acuerdo con el Sierra Club para dejar de construir instalaciones de combustión de carbón y para reducir sus emisiones de dióxido de carbono en un 20% de aquí al 2020. Estas plantas —la peor fuente de contaminación en nuestro país— ya han sido prohibidas en dos estados, California y Idaho.
En Washington, mientras tanto, el Congreso Federal también parece haberse puesto las pilas al haber aprobado varias brillantes iniciativas. Como parte de un proyecto presupuestario para las agencias que protegen el medio ambiente de $27,600 millones, la Cámara de Representantes ha separado $228 millones destinados al sistema de parques nacionales. Otros $200 millones se van a dedicar a financiar los programas de conservación de espacios naturales. Y además, la Cámara duplicó el presupuesto inicial para que las comunidades y barrios del país disfruten de agua limpia ayudándolas a construir plantas de tratamiento y purificación.
La comunidad latina sería uno de los mayores beneficiarios de esta iniciativa. Ahora sólo falta —y seguimos confiando en la buena fortuna— que el Presidente Bush no cumpla su promesa de vetar este crucial proyecto de ley.
Pero no sólo del gobierno federal vive el país. Las “Ciudades Frescas” —un movimiento de comunidades de todo Estados Unidos que se han comprometido a reducir sus emisiones de calentamiento global para cumplir con las exigencias del Protocolo de Kyoto— ya cuenta con 500 miembros. Y California, Hawai, Nueva Jersey y Washington se han unido a este movimiento a nivel estatal.
Pero no debemos dormirnos en los laureles. El tamaño de esta empresa es monumental. Cada segundo, en Estados Unidos emitimos 50 toneladas de carbono a la atmósfera. Nuestros carros y camiones queman 180,000 millones de galones de combustible cada año. Y nuestro país, con sólo el 5% de la población mundial, consume el 25% de la producción petrolera del planeta.
Pero si todos reducimos nuestro consumo energético en un 2% anual, para el 2050 habremos vencido este reto llamado calentamiento global.
“Cuando halamos de una sola cosa en la Naturaleza, nos encontramos que está conectada con el resto del mundo”. El naturalista y fundador del Sierra Club John Muir pronunció estas proféticas palabras hace más de un siglo.
Ahora nos toca a todos asegurarnos que el 7-7-07 fue sólo el principio de nuestra buena ventura colectiva.
Javier Sierra es columnista del Sierra Club. El Sierra Club es la mayor y más antigua organización de base medioambiental en Estados Unidos.
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